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Las voces que aparecen antes de cada cambio

A veces, para avanzar, necesitamos escuchar las partes que llevan demasiado tiempo calladas.

Las voces que aparecen antes de cada cambio

Desde los trece años, mi refugio sagrado fue un cuaderno y una birome. En el silencio de la noche, cuando todos dormían, yo me sentaba a escribir poemas con un diccionario de sinónimos a mano, buscando palabras nuevas en mi vocabulario y cercanas al mismo tiempo, intentaba no quedarme en lo conocido, sino enriquecer mi mirada desde la escritura. A esa edad, no existía Google ni las redes sociales; todo se descubría a mano, y yo me sentía, genuinamente, una escritora.

Pero crecí. Vino la facultad, la rutina laboral y me alejé de esa niña. Dejé la poesía guardada en un cajón, quizás convencida por el entorno de que era un juego disparatado, una cosa de chicos. En el plano profesional, incluso recibí comentarios de mentores y colegas que me exigían ser más rígida, más 'concreta y tangible' en mis textos, intentando sacarme de mi faceta poética.

Durante mucho tiempo creé a escondidas, escuchando esas voces impostoras que susurraban:
¿Quién sos vos para escribir?
No estudiaste para esto.
¿Qué van a decir?

Hasta que un día, la incomodidad fue más fuerte que el miedo. Decidí abrir el cuaderno y, en un ejercicio de honestidad, me senté a dialogar con esa niña de trece años que dejé esperando en el pasado. La conversación fue más o menos así:

— ¿Por qué no solo te sentás y escribís?
— Ojalá lo viera así de fácil, ¡ja!
— Es fácil. Así como lo hacíamos antes. Elegís un momento y te dejás llevar.
— Pero antes era un juego.
— Ahora también lo es.
— Mmm... ahora quiero hacerlo bien.
— ¿Y cómo vas a hacerlo bien si ni siquiera lo hacés?
— Porque tengo miedo de no reconocerme en lo que escriba.
— Entonces escribí igual. Así vas a saber quién sos ahora.

Ese silencio fue un brutal espejo.
Esa niña nunca se había ido. Solo esperaba que volviera a escucharla.
Y hoy, estoy en proceso de publicar mi primer libro.


✨ Una charla entre versiones

A veces, para avanzar, necesitamos escuchar las partes que llevan demasiado tiempo calladas. Te propongo una práctica simple que uso mucho en mis mentorías y guías de procesos:

Tomá un cuaderno y escribí un mini diálogo entre tu versión presente y otra versión de vos misma (puede ser tu yo de la infancia, tu yo del futuro, tu yo miedoso o tu yo valiente).

  1. Sin filtros: usá oraciones breves, preguntas y respuestas cortas.

  2. No busques lógica: dejá que una de las dos voces te interrumpa y diga algo que te sorprenda.

  3. Observá: al terminar, leelo en voz alta. Notá qué emoción aparece y cuál de las voces se siente más auténtica.

No necesitás títulos ni validaciones externas para crear lo que tu alma te está pidiendo. Lo que verdaderamente importa no es el resultado final; lo que importa es no quedarnos con las ganas.


Si esta reflexión resonó con vos, podés seguir el recorrido de distintas maneras:

En Instagram comparto pequeñas escenas cotidianas que dialogan con esta idea.
En la comunidad de WhatsApp hacemos diferentes prácticas para llevar estos territorios al cuerpo.

💌 Y cada letter que envío por correo comparto historias personales sobre cómo he encarnado, y aún encarno, la Nomadía como filosofía de vida.

Cada espacio muestra perspectivas de cada territorio de la Nomadía.

Estás invitada/o a recorrerlas a tu ritmo.


Cariños,

Ana
Un alma en constante movimiento.


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