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Modo viajero: el arte de descubrir el mundo a cinco cuadras de casa

¿Y si no necesitáramos irnos para volver a sentir que estamos viajando?

Modo viajero: el arte de descubrir el mundo a cinco cuadras de casa

Hay una frase de Annie Dillard que vuelve a mí con frecuencia:
Cómo pasamos nuestros días es cómo pasamos nuestra vida.


Porque quizás la vida no está hecha solamente de los grandes acontecimientos que recordamos.

También está hecha de mates.
De caminatas.
De conversaciones.
De trayectos repetidos.
De la manera en que miramos por la ventana mientras desayunamos.
De cuánto escuchamos cuando alguien nos habla.
De las veces que elegimos tomar el mismo camino sin preguntarnos por qué.

Y ahí aparece una pregunta que me interesa especialmente:

¿Qué sucede cuando dejamos de mirar?


Descubrió que el río estaba a cinco cuadras

Hace un tiempo, durante una sesión de acompañamiento, una mujer me dijo que sentía que en su vida no pasaba nada interesante.

Sus días eran todos iguales.

Le pregunté qué cosas disfrutaba.

No tardó en responder ni dudó en su respuesta: El río.

Me contó que caminar junto al río era una de las cosas que más claridad le daban. Que allí podía respirar, ordenar sus ideas y sentirse ella misma.

Entonces le pregunté cuándo había sido la última vez que había ido.

Hacía meses.

Lo más curioso era que vivía a pocas cuadras.

Ese río no había desaparecido. Seguía ahí. Lo que había cambiado era su mirada.

La rutina había convertido en paisaje aquello que alguna vez había sido descubrimiento.
Y quizás eso nos pasa mucho más de lo que creemos.



Cuando sentimos aburrimiento o estancamiento, solemos pensar que necesitamos cambiar de escenario.

Un viaje.
Una mudanza.
Un proyecto nuevo.
Una decisión radical.

Pero a veces el movimiento que necesitamos es mucho más pequeño y nada tiene que ver con cambiar la vida entera.

Hace falta cambiar la manera de mirarla.

Eso es lo que llamo vivir en modo viajero.

No tiene que ver con cuántos kilómetros recorrés. Tiene que ver con la presencia con la que habitás los que ya estás recorriendo.

Cuando viajamos, estamos disponibles para la sorpresa. Miramos más. Preguntamos más. Prestamos atención. Nos permitimos no saber.

Y esa disposición también puede acompañarnos en nuestra vida cotidiana.


La curiosidad como práctica

La curiosidad no es solamente querer conocer cosas nuevas.

Desde la Nomadía es una actitud frente a lo conocido. Es preguntarnos:

¿Qué más hay acá que todavía no estoy viendo?

Puede aplicarse a un paisaje, pero también a una conversación, a un vínculo, a un proyecto o a nosotros mismos.

¿Qué pasaría si escuchara esta situación desde otro lugar?
¿Qué estoy dando por sentado?
¿Qué posibilidad no estoy contemplando?
¿Qué sucedería si probara algo diferente?

La pregunta abre una pequeña grieta en lo conocido.
Y por esa grieta puede entrar algo nuevo.


10 pequeñas aventuras para activar tu modo viajero

No necesitás esperar tus próximas vacaciones.
Podés empezar cerca.

1. Caminá por una calle diferente.
Dejá que el recorrido sea parte de la experiencia y no solamente el medio para llegar.

2. Visitá un lugar de tu propia ciudad al que nunca hayas entrado.
Un museo, una biblioteca, una galería, una plaza.

3. Elegí un sabor que nunca pedirías.
La curiosidad también puede empezar en el paladar.

4. Sentate en un café sin hacer nada productivo.
Observá. Escuchá. Mirá pasar a las personas. Sin pantallas, sin distracciones. Solo vos en ese espacio.

5. Andá a un lugar de naturaleza cercano.
No para entrenar ni para cumplir un objetivo. Simplemente para estar.

6. Hacé una caminata sin celular ni compañía.
Prestá atención a cinco colores, tres sonidos y un aroma.

7. Probá una actividad que no tenga nada que ver con vos.
Cerámica, teatro, baile, bordado, escalada, cocina.

8. Entrá a una librería y elegí un libro al azar.
Abrilo en cualquier página. Leé por un rato.

9. Registrá tu semana como si fueras turista.
Sacá tres fotos de cosas que normalmente no fotografiarías o no habías visto antes.

10. Preguntale algo diferente a alguien que conocés mucho.
Quizás descubras una historia que nunca te había contado.

No se trata de llenar la agenda de experiencias.
Se trata de recuperar la capacidad de sorprendernos con lo que ya está sucediendo.

Porque las aventuras no siempre están lejos. A veces están a cinco cuadras. A veces están en una conversación. Y a veces están en una parte de nosotros que hacía tiempo no mirábamos.


Si mañana tuvieras que caminar por tu propia vida como si fuera un lugar desconocido: ¿qué mirarías primero?

Quizás venga a recordarnos que el mundo que conocemos todavía tiene mucho para mostrarnos.


___

Si este territorio de la curiosidad resonó con vos, podés seguir explorándolo por acá, en mis próximos contenidos. También en los espacios de acompañamiento de Nomadía, donde trabajamos justamente con preguntas, experiencias y nuevas perspectivas para volver a encontrarnos con lo que todavía puede abrirse.

En Instagram comparto pequeñas escenas cotidianas que dialogan con esta idea.
En la comunidad de WhatsApp hacemos diferentes prácticas para llevar estos territorios al cuerpo.

💌 Y cada letter que envío por correo comparto historias personales sobre cómo he encarnado, y aún encarno, la Nomadía como filosofía de vida.

Estás invitada/o a recorrerlas a tu ritmo.


Cariños,

Ana
Un alma en constante movimiento.


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