• Inicio
  • Blog
  • Me prometí no dejar de ser niña jamás.

Me prometí no dejar de ser niña jamás.

Fue una promesa de no dejar de estar viva. De seguir siendo capaz de mirar la vida...

Me prometí no dejar de ser niña jamás.

De grande me hice una promesa: no dejar de ser niña jamás.

No porque quisiera quedarme suspendida en la infancia. Sino porque hay algo de mi niña que quiero llevar conmigo toda la vida: sus ganas de explorar, su capacidad de asombro, la facilidad para entusiasmarse, la curiosidad incansable, las ganas de preguntar, de probar, de inventar, de jugar.

Esa niña que podía convertir cualquier cosa en una aventura.

Hoy sé que la curiosidad es una forma de estar en el mundo. Es esa chispa que nos enciende y nos saca, aunque sea por un instante, de lo conocido. Nos hace mirar un poco más cerca. Un poco más lejos. Hacia afuera. Y también hacia adentro.

Cuando estamos disponibles para la curiosidad, nos volvemos más atentos.
A lo que hacemos.
A lo que sentimos.
A las personas que encontramos.
A los lugares que habitamos.
A esas pequeñas señales que antes quizás pasaban desapercibidas.

Y entonces empezamos a hacernos preguntas.

¿Qué pasaría si…?
¿Y si lo hiciera de otra manera?
¿Y si esto que siempre hice así pudiera ser diferente?
¿Y si todavía hay algo que no conozco de mí?

La curiosidad abre preguntas. Y las preguntas abren caminos. Por eso también nos vuelve más creativos.

Porque cuando dejamos de creer que ya sabemos cómo son las cosas, aparece la posibilidad de hacerlas diferente. De encontrar otra respuesta. De probar otro camino. De inventar una posibilidad que antes no existía.

Pero hay algo más.

La curiosidad también trae miedo.

Porque cada vez que sentimos curiosidad, nos acercamos a lo desconocido. Y lo desconocido no siempre se siente cómodo.

A veces nos entusiasma. A veces nos inquieta. A veces queremos avanzar y retroceder al mismo tiempo.

Quizás por eso, con los años, vamos aprendiendo a vivir dentro de lo conocido. Porque sabemos cómo movernos ahí. Porque tenemos respuestas. Porque conocemos las reglas. Porque sentir que sabemos nos da cierta seguridad.

Pero una vida completamente conocida puede volverse una vida demasiado pequeña. Y no hablo de hacer grandes cosas. Ni de vivir permanentemente buscando aventuras extraordinarias.

Creo que una vida significativa también puede construirse en lo cotidiano. En animarnos a decir algo que nunca dijimos. En conocer a alguien. En aprender algo nuevo. En hacer una pregunta incómoda. En volver a jugar. En bailar sin motivo. En reírnos fuerte. En permitirnos hacer algo simplemente porque nos da alegría.

En mirar aquello que creíamos conocer y descubrir que todavía tiene algo para mostrarnos.

Quizás mantener viva a esa niña no tenga que ver con volver atrás y más bien tenga que ver con llevar hacia adelante algunas de las cosas que ella sabía hacer tan bien.

Explorar.
Preguntar.
Sorprenderse.
Imaginar.
Jugar.
Crear.
Y confiar, incluso sin tener todas las respuestas.

Esa promesa que me hice de grande no fue una promesa de permanecer niña. Fue una promesa de no dejar de estar viva.

De seguir siendo capaz de mirar la vida y pensar: ¿qué más hay por acá?

De eso se trata la curiosidad: mantener una puerta abierta a lo que todavía no sabemos, a lo que todavía no somos, a lo que todavía podemos descubrir.

Y a esa parte de nosotros que, incluso después de crecer, todavía quiere salir a explorar.


___

Si este territorio de la curiosidad resonó con vos, podés seguir explorándolo por acá, en mis próximos escritos. También en los espacios de acompañamiento de Nomadía, donde trabajamos con preguntas, experiencias y nuevas perspectivas para volver a encontrarnos con lo que todavía puede abrirse.

En Instagram comparto pequeñas escenas cotidianas que dialogan con esta idea.
En la comunidad de WhatsApp hacemos diferentes prácticas para llevar estos territorios al cuerpo.

💌 Y cada letter que envío por correo comparto historias personales sobre cómo he encarnado, y aún encarno, la Nomadía como filosofía de vida.

Estás invitada/o a recorrerlas a tu ritmo.


Cariños,

Ana
Un alma en constante movimiento.



Comentarios
Unirse a la conversación
Escribe tu comentario…
Aún no hay comentarios en este artículo
Te puede interesar
Accede con tu cuenta de Ana Bonvín | Facilitadora de creatividad y transformación
¿Ya tenes cuenta?
Iniciar sesión
Cerrar X