Lo difícil no es reconocerlo.
Lo difícil es hacerlo cuando todavía no sabemos hacia dónde.
Vivimos en una cultura que ama los planes, los objetivos, las estrategias, las metas por cumplir.
Queremos saber cuál será el resultado antes de empezar. Y así, muchas veces, esperamos tener claridad para movernos.
Cuando quizás es justamente al revés: necesitamos movernos para encontrar claridad.
Hay cosas que solamente podemos descubrir cuando damos un paso. Cuando nos abrimos a una conversación que no sabíamos que necesitábamos tener. Cuando nos permitimos ver una posibilidad que no podíamos imaginar desde el lugar en el que estábamos.
Una parte nuestra aparece cuando dejamos de hacer lo conocido.
El movimiento modifica nuestra perspectiva. Y por eso no siempre se trata de avanzar.
Se trata de movernos lo suficiente como para poder mirar desde otro lugar.
Y acá no hablo de cambios rotundos en nuestras vidas, o dar la vuelta al mundo para encontrarnos. Aquí la invitación es que lo ordinarios se vuelva extraordinario en nuestro día: una caminata o una conversación pueden hacer magia, cambiar una rutina o probar algo nuevo. Decir que no o decir que sí. Pedir ayuda. Empezar o dejar un proyecto.
No todos estos movimientos producen un resultado inmediato.
Pero todos pueden abrir una posibilidad.
Tal vez estás esperando una certeza que solamente va a aparecer después del primer paso.
Y quizás ese paso no tenga que ser enorme. Podría ser:
pedir esa conversación: enviá ese mensaje que venís postergando;
investigar aquello que te despierta interés, solo por curiosidad;
dejar de hacer algo que ya sabés que no querés seguir sosteniendo: atendé a ese pulso interno que te está mostrando el camino.
No para resolverlo todo.
Solo para mover la energía del lugar en el que está estancada.
Una práctica para tu próximo movimiento posible
Hoy no te preguntes:
¿Qué quiero hacer con mi vida?
Probá con algo más pequeño:
¿Cuál es el próximo movimiento posible?
Repito: el posible.
No el perfecto. No el definitivo. No el que garantiza que todo va a salir bien.
Ese que podés hacer con los recursos que tenés hoy.
Después preguntate:
¿Qué podría permitirme ver ese movimiento que hoy todavía no puedo ver desde acá?
Quizás el objetivo del próximo paso no sea llegar.
Quizás sea poder mirar desde un lugar nuevo.
Y cierro con algo que para mí resume este territorio:
No necesitás saber hacia dónde vas para empezar a moverte.
Alcanza con confiar en que permanecer exactamente donde estás también es una decisión.
Y que podés elegir otra.
Si este territorio resonó con vos, podés seguir el recorrido de distintas maneras:
En Instagram comparto pequeñas escenas cotidianas que dialogan con esta idea.
En la comunidad de WhatsApp hacemos diferentes prácticas para llevar estos territorios al cuerpo.
💌 Y cada letter que envío por correo comparto historias personales sobre cómo he encarnado, y aún encarno, la Nomadía como filosofía de vida.
Cada espacio muestra perspectivas de cada territorio de la Nomadía.
Estás invitada/o a recorrerlas a tu ritmo.
Cariños,
Ana
Un alma en constante movimiento.